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Elegir las batallas

Sirva para pensar lo que queremos, hacer lo que necesitamos y conseguir lo que pretendemos.

No se pueden pelear todas las batallas. Nuestra vida forma parte de una red de relaciones, obligaciones y hobbys que nos llevan a tener que seleccionar el tiempo que podemos invertir y las energías con las que podemos contar. Pero esto no es fácil. Nuestras ganas de ‘estar en todo’ hacen que cumplamos desde lo mínimo y nos lamentemos desde lo máximo.

Si tuviéramos claro cuál es nuestro horizonte y las fuerzas de las que disponemos para luchar por él, seríamos capaces de seleccionar los tiempos y las herramientas para poder afrontar la empresa, pero el problema viene cuando los latigazos del capricho hacen zozobrar los pilares de la cordura. La idea inicial que marca nuestra camino se ve asediada por factores que hacen peligrar su cumplimiento; urgencias de última hora, favores imprevistos, deseos del pasado que ‘ahora’ se pueden satisfacer, ocasiones que parece que  son ‘ahora o nunca’, satisfacciones personales ‘con apariencia de bien’, ….todo ocupa los minutos de nuestro empeño y los esfuerzos de nuestro tiempo.

San Ignacio de Loyola invitaba a todos los que iban a hacer oración durante sus retiros espirituales a que se preguntaran dos cosas: ¿A dónde voy?, ¿A qué?. Dos coordenadas que pueden marcarnos, a nosotros también, nuestra gráfica de vida. Dos referencias que nos pueden ayudar a re-ubicar nuestras intenciones, deseos, obligaciones, devociones, compromisos, …Dos pilares que nos pueden facilitar la selección de la batalla, reforzar el  discernimiento de la elección,y profundizar en nuestro tiempo vital.

No podemos estar en todo, cumplir en todo y satisfacer a todos. Es imposible. El deseo de uno será la desolación de otro. Acabaremos en el cumplimiento  (Cumplo y miento). Pero el problema viene cuando después de leer estas letras, alzas la mirada y piensas; Y ahora ¿Qué elijo?, ¿Qué descarto?, ¿En qué invierto mis fuerzas?.

Es muy importante recordarse de vez en cuando ‘que lo urgente no eclipse a lo importante’, aunque lo urgente sea chillón y moleste y lo importante, prudente y silencioso. Pero no son dos cosas iguales. Uno nos alimenta y el otro nos engorda. Si nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo resolviendo problemas y apagando fuegos, no dejamos tiempo para alzar la vista y recordar el horizonte, seleccionar los medios para alcanzar el fin y tener la posibilidad de crear la manera más eficiente de conseguirlo.

Al final nuestra aportación al mundo vendrá precedida de la gran batalla que queramos afrontar. ¿Cuál es la batalla que eliges combatir?, ¿Qué batallas decides descartar?…..

Hacia dónde nos dirigimos….

Sirvan estas palabras para pensar nuestras raíces, escuchar nuestros deseos y orientar nuestros impulsos.

Vivimos un momento convulso. Cambios políticos, incertidumbres financieras, desconciertos éticos, Instituciones caducas, normas cívicas bajo sospecha….¿Hacia dónde nos dirigimos?.

Ciertamente estamos en un momento de crisis. No quiero decir que la vieja profecía de los Mayas acerca de que el 2012 nos traería el final del mundo, fuera cierta, pero qué duda cabe que los momentos que estamos viviendo son históricos, novedosos y quizá preocupantes. Aires de cambio que si  guardaban aquellas palabras de los viejos mayas.

La incertidumbre abarca todas las esferas sociales. Si miramos desde las cúpulas, vemos que a nivel social y político el sistema ha sido pervertido bien por la propia naturaleza del mismo o bien por las personas que han regulado su fuero interno, han movido sus hilos, han gestionado sus normas. Todos dejamos surgir ‘Angeles y Demonios’ personales cuando aparece el poder. El resultado que tenemos ahora es devastador. La desconfianza crece y no parece que meras palabras acallen ese temporal que cada día aumenta con razón y quizá también con justicia.

No podemos permitir que nos tomen el pelo. Somos conscientes, en este tiempo de la información, de que todo, tarde o temprano, sale a la luz. La verdad tiene más fortaleza que la mentira y por ello, al final, siempre sale vencedora. Las personas que defienden una ética del interés encuentran una moral variable, efímera y de conveniencia. Eso supone que frente al movimiento circunstancial de la vida la disposición será variante y palabras como Responsabilidad, Honradez, Honor, Compromiso y Fidelidad pierden su sentido, se quedan vacías. Una pena, ¿verdad?.

Somos seres sociales por naturaleza pero la necesidad del instinto no determina qué sociedad debemos tener. El rumbo que coja será aquel que queramos para nuestras vidas. Tendencias pragmáticas, individualistas, comunitaristas o liberales son sólo modelos que han marcado diferentes momentos históricos pero no son ni definitivos, ni perfectos. En el papel cabe todo.

¿Qué sociedad queremos?, ¿Hacia dónde vamos?, ¿Con qué perfil de persona contamos?.

Generar individuos y no personas aislará más que fortalecerá, separará más que unirá, crispará más que conciliará. Que, como decía Hannah Arendt, ‘lo social’ no invada esferas privadas o públicas para destruir la unión personal que necesita nuestro mundo.

Lo que resuelve la acción personal que no lo rompa la acción burocrática.

Queridos Reyes Magos…

Reyes magos

Sirva para que nos ayudéis un poco….

Queridos Reyes Magos os imagino en el camino de vuelta a vuestros reinados y no quisiera que este mensaje que os envío fuera a perturbar la magnífica labor que hicisteis en el mundo entero aportando felicidad, ilusión y mucha alegría, sobre todo en aquellos que más saben apreciarlo, los pequeños. Un año más, quiero daros la enhorabuena por el trabajo bien realizado y eso que soy consciente que la versión moderna y cocacolizada de San Nicolás os esta poniendo las suficientes trabas como para tener que sacar lo mejor de vosotros mismos. Pero en cualquier caso y después de hablar con algunos pequeños de las familias, puedo deciros que lo habéis hecho genial y que la gente ha quedado muy satisfecha con vuestro trabajo.

Pero yo quisiera comentaros algo. Supongo que no habrá llegado a vuestros oídos todavía lo que está ocurriendo en estos últimos 5 días desde que os marchasteis porque el camino de vuelta es largo y en los desiertos las noticias que más gritan no son las del exterior sino las del interior. Sólo han hecho que ocurrir desgracias desde entonces.

El miércoles 7 de enero unos locos entraron en la revista ‘Charlie Hebdo’ en París, Francia, y asesinaron con premeditación y alevosía a 10 integrantes (dibujantes) de la empresa y también a dos policias que acudieron al lugar de los hechos para tratar de poner un poco de orden. Se autodenominaron islamistas radicales y pusieron la excusa de que estaban enfadados por unas viñetas que se dibujaron parodiando al profeta Mahoma hace unos años, pero a mi entender, nada tiene que ver con eso. La gente que somos creyentes lo último que queremos es el uso de la violencia para defender nuestros argumentos. Que os voy a contar a vosotros que habéis vivido épocas de odio, venganza y muerte. Parece ser que eran dos hermanos que habían recibido formación militar y se han convertido en asesinos de personas, ideas y por encima de todo de ilusiones. El mundo islámico está muy enfadado, imaginaros. Llevan muchos años tratando de vivir desde la cordialidad, desde la convivencia con otras religiones, desde la adaptación al mundo actual buscando la normalización de sus patrones de vida con las coordenadas del mundo occidental y ahora, por unos radicales que pretenden adquirir el poder a toda costa y que en Siria e Irak han decidido emprender una guerra que está causando muchas muertes, mucho dolor y mucho desconcierto, todo se puede ir al traste.

Pero ahí no queda la cosa. Si no fuera suficiente desgracia lo acontecido en el centro de París el pasado miércoles, ayer jueves, el grupo radical de Boko Haram continuó su desagradable acción asesina en Nigeria de manera descontrolada y aprovechándose de la debilidad de la gente que apenas tiene lo mínimo para vivir y lo peor de todo es que utilizó la misma excusa!!! La Religión, El Islam. Dicen que lo hacen por Alá, ¿No es increíble?, ¿Cómo puede ser?, ¿Tenéis alguna explicación?. Estoy desconcertado y desolado.

Os escribo a vosotros porque ya no sé a quién acudir. Las corrientes racionales que imperan hoy en nuestro mundo occidental tratan de seguir los parámetros de la democracia que tanto a supuesto para nuestro mundo. Concebir la Libertad, la Justicia y la Igualdad como algo normal y cotidiano nos ha ayudado a entender el mundo desde parámetros que antes eran imposibles de imaginar, pero aún así las contradicciones que surgen provocan fanatismos que tienen como consecuencia el dolor y en ocasiones, como las ocurridas recientemente, la muerte.

Necesitamos, de nuevo, vuestra magia. Necesitamos el regalo de la concordia, la paz, la fraternidad. Necesitamos calmar los corazones y tejer argumentos. Necesitamos ponernos el lugar del otro y darnos cuenta de que aquello que decía el viejo profesor Ortega y Gasset era cierto, las circunstancias son importantes. Necesitamos que la gente no piense en clave de ‘ojo por ojo’ sino en condiciones de justicia racional y equidad humanizadora. Pero estos acontecimientos no ayudan a nada. El sentido común parece ser el menos común de los sentidos y las emociones dictan sentencias que pueden llegar a ser muy peligrosas.

Los gobernantes de nuestro mundo hacen un gran papel. Vosotros sois Reyes y sabéis la dificultad de dirigir y cuidar a las personas de vuestros reinos. Es cierto que en algunos casos las ansias de poder han hecho que alguno cometiera el error de pensar más en sí mismo que en los ciudadanos que representa pero considero que en situaciones como esta, en situaciones límite frente al terrorismo de Estado todos, y digo TODOS, deberían ir en una sola dirección.

No quiero extenderme más, aunque este tema da para mucho pero estaréis cansados del viaje y conmocionados por las noticias.

Majestades, ayudadnos, por favor. No quiero un mundo donde el miedo campe a sus anchas y crecer en libertad sólo sea un recuerdo utópico de algunos libros catalogados de ciencia a ficción.

Creo y quiero creer que el 2015 será el año que nuestro mundo encuentre la clave de la paz, la verdad de la concordia, la satisfacción de la libertad, el regalo de una educación completa y para todos, la ilusión del progreso igualitario y la aceptación de una justicia universal y racional.

Es posible que sea mucho lo que pido, pero por eso acudo a vosotros Reyes Magos, por eso  os lo pido por favor.

Gracias.

Líneas rojas

Sirva para entender que en esta vida….no todo vale.

En el proceso de construcción de nuestra personalidad tratamos de buscar argumentos que nos refuercen nuestra posición en el mundo. No es fácil mantener una posición si tu percepción no concuerda con la de la mayoría pero muchas veces la interpretación fácil, ligera y equivocada acaba imperando de tal manera que la raíz de un buen argumento acaba entrando en un proceso de deterioro considerable.

La sociedad actual esta presa del relativismo. La construcción de la sociedad después de un siglo lleno de guerras y dificultades ha priorizado el cuidado de la interpretación particular, del subjetivismo superficial revestido de unos falsos derechos, frente a una conciencia de la realidad que se muestra tozuda y objetiva y que se empeña, una y otra vez, en poner los puntos sobre las ies, en marcar unos límites, en decir que las cosas son como son.

El problema no está en tener derechos -bien de carácter individual-(libertad de pensamiento, expresión, etc..)-bien de carácter colectivo-( libertad de reunión,asociación, participación en los asuntos públicos, etc..), y así defenderlos y extenderlos. El problema no está en que cada uno pueda percibir la realidad de una manera determinada. El problema, insisto, no está en que las consideraciones del mundo exterior generen en cada persona una experiencia particular que haga reflexionar y plantear cuestiones físicas y metafísicas individuales. No, no es eso. El problema está en ir ‘contra natura’, en engañar a los que nos rodean, en tratar de resolver con mediocridad lo que requiere dedicación, en definitiva, en que no todo vale. No todo es relativo. No todo tiene cabida como planteamiento social, como solución educativa o como respuesta política.

La realidad que vivimos se constituye en forma de puzle. Las piezas, de formato diferente, van encajando de tal manera que acaban por dibujar el escenario de una realidad que sólo se puede contemplar (de manera amplia, completa y con sentido) con una cierta distancia, con una cierta perspectiva. No todas las piezas (personas, soluciones) encajan en cualquier sitio. Cada forma, cada estructura, tiene su idiosincrasia, su historia, su inercia, y sólo tendrá cabida en esos lugares para los que fue moldeado (la vocación personal). Que no conozcamos el camino no significa que no lo tengamos.

Que las cosas tengan su sentido no es algo negativo. Que seamos capaces de aprenhender ese sentido es una virtud que debemos cuidar. Pero que queramos quitar el sentido que tienen las cosas y crear parches utilitaristas que cubran la satisfacción de un capricho no creo que sea positivo.

La tozudez de la realidad está llevando a la frustración a gentes que se han dejado llevar por el relativismo.

Ejemplos de vida. ‘Los mejores’

Sirva para buscar, hallar y enaltecer a los líderes del mañana.

Es común la crítica social. No creo que sólo corresponda a los ámbitos frecuentados por cada uno de nosotros. Se ha convertido en causa de indignación, argumento de batalla y consuelo desesperado.

De todas las cruzadas que podríamos emprender contra el estado vital de la sociedad actual, creo que merece la pena focalizar nuestras cuestiones (al menos por un momento) en los ejemplos desaparecidos, referentes enmascarados o los lideres adormecidos.

¿Dónde están ‘los mejores’?, ¿Por qué no salen al escenario social y dan un golpe de autoridad?, ¿Dónde se han metido?, ¿Por qué la sociedad no los demanda?, ¿Por qué la sociedad no los cuida?, ¿Por qué tenemos que ver como los medios de comunicación presentan como ejemplos ‘vidas rotas’, antes que ‘vidas ejemplares’?, ¿Por qué no hacen programas donde den a conocer a gente con un sistema de valores basado en el ‘bien común’, en la ‘no violencia’, en la entrega desinteresada a los demás, en la importancia del sacrificio, del esfuerzo, de la constancia….?, ¿Dónde están esas personas que consideran que el camino fácil no lleva a ningún sitio que merezca la pena?, ¿Por qué se han escondido aquellos líderes que pueden ayudar a los demás, servir de referencia, mostrar un ‘camino’? Dudo que tengan miedo, dudo que busquen el beneficio propio, dudo que desconfíen de sus fuerzas.

Necesitamos a ‘los mejores’. Los mejores en las escuelas, los mejores en la universidad, los mejores en sus trabajos, los mejores padres, los mejores hijos, los mejores amigos, los mejores ciudadanos. Necesitamos verlos por las calles, escucharlos en las aulas, admirarlos en los medios de comunicación.¡¡¡’Necesitamos a los mejores’!!!.

No creo que el mayor argumento que podamos utilizar sea pensar que a ‘las clases dirigentes’ no les interese que la gente sea brillante. ¿Hasta qué punto mandan en nuestras vidas?, ¿Dónde está el orgullo personal de demostrar que puedo hacerlo mejor?, ¿Dónde están los sueños personales de cada uno para conseguir aquello que se proponen?. No podemos quedarnos dormidos, no podemos dejarnos manipular de esta forma tal descarada. Si no nos gusta lo que vemos, ¿Por qué no lo cambiamos?, ¿Por qué seguimos lamiendonos las heridas en vez de mirar al frente y dar un paso hacia delante?.

Percibo que la gente tiene vergüenza de destacar, pero ¿Por qué?, Si tienes una virtud, ¿Por qué no la perfeccionas y la muestras al mundo?, ¿Qué hay de malo en ser ‘el mejor’?, ¿Envidias?, ¿Rencores?, ¿Vergüenza? Vergüenza debemos tener a robar, a mentir, a golpear a alguien, a no dar todo aquello que podemos dar, a sentir que sólo con lo mínimo es suficiente, pero ¿A ser mejor que antes?, ¿A tener la satisfacción de disfrutar de los éxitos?, ¿A que los demás te feliciten porque has ayudado en sus vidas?, ¿A eso tenemos que tener vergüenza?, No familia, no, a eso no podemos ni debemos tener vergüenza.

Esto momento histórico necesita de ‘los mejores’ de manena que si tu eres uno de ellos, por favor, sal de la madriguera y guíanos en este mundo. Gracias.

Benedicto XVI y el Fundamento del Derecho

Sirva para escuchar las reflexiones sobre los fundamentos del Derecho de una de las mentes más brillantes del siglo XX/XXI. A continuación transcribo la conferencia que se escucha en el video.

Ilustre Señor Presidente Federal,
Señor Presidente del Bundestag,
Señora Canciller Federal,
Señor Presidente  del Bundesrat,
Señoras y Señores Diputados

Es para mi un honor y una alegría hablar ante esta Cámara alta, ante el Parlamento de mi Patria alemana, que se reúne aquí como representación del pueblo, elegido democráticamente, para trabajar por el bien común de la República Federal de Alemania. Agradezco al Señor Presidente del Bundestag su invitación a pronunciar este discurso, así como sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido. Me dirijo en este momento a ustedes, estimados señoras y señores, también como un connacional que por sus orígenes está vinculado de por vida y sigue con particular atención los acontecimientos de la Patria alemana. Pero la invitación a pronunciar este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho.

Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín.[1] Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En el siglo III, el gran teólogo Orígenes justificó así la resistencia de los cristianos a determinados ordenamientos jurídicos en vigor: “Si uno se encontrara entre los escitas, cuyas leyes van contra la ley divina, y se viera obligado a vivir entre ellos…, por amor a la verdad, que, para los escitas, es ilegalidad, con razón formaría alianza con quienes sintieran como él contra lo que aquellos tienen por ley…”

Basados en esta convicción, los combatientes de la resistencia actuaron contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios, prestando así un servicio al derecho y a toda la humanidad. Para ellos era evidente, de modo irrefutable, que el derecho vigente era en realidad una injusticia. Pero en las decisiones de un político democrático no es tan evidente la cuestión sobre lo que ahora corresponde a la ley de la verdad, lo que es verdaderamente justo y puede transformarse en ley. Hoy no es de modo alguno evidente de por sí lo que es justo respecto a las cuestiones antropológicas fundamentales y pueda convertirse en derecho vigente. A la pregunta de cómo se puede reconocer lo que es verdaderamente justo, y servir así a la justicia en la legislación, nunca ha sido fácil encontrar la respuesta y hoy, con la abundancia de nuestros conocimientos y de nuestras capacidades, dicha cuestión se ha hecho todavía más difícil.

¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”.

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo a la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: “Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos… son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…” (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que conciencia no es otra cosa que el “corazón dócil” de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época de la Ilustración, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se produjo un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término. Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen – “un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos”, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético.[4] Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales. Pero lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión han de ser relegadas al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en el sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y este es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que afecta a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella.

El concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual en modo alguno debemos renunciar en ningún caso. Pero ella misma no es una cultura que corresponda y sea suficiente en su totalidad al ser hombres en toda su amplitud. Donde la razón positivista es considerada como la única cultura suficiente, relegando todas las demás realidades culturales a la condición de subculturas, ésta reduce al hombre, más todavía, amenaza su humanidad. Lo digo especialmente mirando a Europa, donde en muchos ambientes se trata de reconocer solamente el positivismo como cultura común o como fundamento común para la formación del derecho, reduciendo todas las demás convicciones y valores de nuestra cultura al nivel de subcultura. Con esto, Europa se sitúa ante otras culturas del mundo en una condición de falta de cultura, y se suscitan al mismo tiempo corrientes extremistas y radicales. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los “recursos” de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo.

Pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿Cómo encontramos la entrada en la inmensidad, o la globalidad? ¿Cómo puede la razón volver a encontrar su grandeza sin deslizarse en lo irracional? ¿Cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones? Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando que no se malinterprete ni suscite excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni rechazar porque se perciba en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda de un determinado partido político, nada más lejos de mi intención. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión de los fundamentos de nuestra propia cultura. Permitidme detenerme todavía un momento sobre este punto. La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar seriamente un punto que – me parece – se ha olvidado tanto hoy como ayer: hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.

Volvamos a los conceptos fundamentales de naturaleza y razón, de los cuales hemos partido. El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, con 84 años – en 1965 – abandonó el dualismo de ser y de deber ser (me consuela comprobar que a los 84 años se esté aún en condiciones de pensar algo razonable). Antes había dicho que las normas podían derivar solamente de la voluntad. En consecuencia – añade –, la naturaleza sólo podría contener en sí normas si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Por otra parte – dice –, esto supondría un Dios creador, cuya voluntad se ha insertado en la naturaleza. “Discutir sobre la verdad de esta fe es algo absolutamente vano”, afirma a este respecto.[5] ¿Lo es verdaderamente?, quisiera preguntar. ¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presupone una razón creativa, un Creator Spiritus?

A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción de la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su integridad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico.

Al joven rey Salomón, a la hora de asumir el poder, se le concedió lo que pedía. ¿Qué sucedería si nosotros, legisladores de hoy, se nos concediese formular una petición? ¿Qué pediríamos? Pienso que, en último término, también hoy, no podríamos desear otra cosa que un corazón dócil: la capacidad de distinguir el bien del mal, y así establecer un verdadero derecho, de servir a la justicia y la paz. Muchas gracias.

Querido Mandela

Sirvan estás palabras para recordarte, presidente.

Querido Mandela,

Horas después de escuchar que has emprendido el camino de la vida eterna, quiero escribirte unas palabras que acompañan un sentimiento profundo hacia tu figura, persona y legado.

Madiba, prometo recordar siempre tu sonrisa. Una sonrisa que limó asperezas entre conflictos viciados por gentes que sólo buscaba un beneficio individual. Una sonrisa que acercaba ideales, fortalecía esperanzas y construía pactos de concordia.

Prometo recordar tu constancia. Nos enseñaste que las cosas requieren su esfuerzo y dedicación. Que las dificultades no se vencen en cortos plazos ni en tiempos de consolación, sino que requieren muchos momentos de diálogo, muchas negociaciones con personas que no quieren ceder y tiempos que parecen perdidos, pero que, a la larga, demuestran que fueron el cultivo necesario para recoger un fruto deseado.

Prometo recordar tu humanidad. Nunca pensé que cuando saliste de Robben Island lo primero que quisiste hacer fuera hablar con aquellos que te privaron de libertad. Olvidaste el rencor y el odio para recordar el perdón y la esperanza. Con el número de preso 466 durante 18 años en una celda de 4 metros cuadrados no derrumbó tu aspiración por construir una Sudáfrica unida, fuerte, de todos.

Prometo no olvidar tu sentido del humor. Las personas necesitamos recordar que las cosas son lo que son y la mucha o poca importancia que tenga se lo otorgamos nosotros. El sentido del humor rebaja tensiones, acerca espíritus y facilita conversaciones. Conseguirte hablar con todos, que te escucharan muchos y ganarte la confianza de un país que creyó en tus palabras.

Las distancias entre las ideas sólo se acercan cuando los corazones entienden que la vida encarnada sólo pide respeto, comprensión y libertad. Tú, Madiba, conseguirte convencer al mundo que sólo desde la tolerancia podemos vivir en paz.

Allá donde estés ahora (seguro que esbozando esa sonrisa cercana, segura y cariñosa) quiero decirte que prometo no olvidarte nunca, prometo tenerte presente en la búsqueda de la concordia política para la sociedad civil, prometo mantener el sentido del humor en los momentos difíciles, prometo asumir el reto difícil de luchar para aunar voluntades y conseguir la paz allí donde esté.

Sólo te pido que sigas siendo luz para una humanidad que hoy está un poco más oscurecida por tu marcha.

Gracias Madiba, gracias Khulu.