Archivo mensual: julio 2013

Reconocimiento social, ¿A quién se lo damos?

Sirva para reconocer la labor de alguien que cree que tú mereces la pena.

En el mundo del reconocimiento social las batallas suelen ser duras, peligrosas e injustas. Todo el mundo quiere conquistar ese espacio sagrado que considera que le pertenece, aunque para ello se tenga que perder el ‘thelos’ que se persigue, su finalidad.

La sociedad en la que vivimos ha preferido privilegiar el espectáculo fastuoso del corto plazo antes que la humilde misión del sembrador de cultura. La carencia de referentes no viene por la ausencia de los mismos, sino por su ocultación mediática. La necesidad de generar ‘pan y circo’ hace que la labor de un profesor no sea equiparable a la de un futbolista, o la eficacia de un médico no sea comparable a la rentabilidad de un modelo, o la entrega de un investigador en la sombra de un laboratorio no se pueda igualar con las luces de gloria que iluminan a la farándula.

No podemos permitirnos el lujo de menospreciar la labor de la gente que se dedica a los demás. Es razonable pensar que la sociedad debe tener espacios de diversión para poder digerir los azotes imprevistos de la vida, pero sin perjuicio de descender al infierno de la displicencia las horas de personas que con la bandera de la vocación son los que perfilan el margen cultural de la época que vivimos.

Gentes dedicadas a la salud, a la ingeniería, a la investigación, a la educación….son adalides de una época de marcará el quehacer de la mayoría.

El reconocimiento se otorga desde la sociedad. Unos padres que se acercan al Colegio de sus hijos y miran con admiración al profesor, están generando una dinámica positiva para que esos alumnos miren que admiración a su profesor, lo traten con respeto y reconozcan que la principal misión del docente es acompañarle en su formación personal e intelectual. Unos medios de comunicación que muestran los avances y progresos en el campo de la Medicina, la Psicología, la Farmacia, la Biología, cualquier Ingeniería, la Historia, la Filolofía, el Periodismo…. son unos medios que apuestan por una sociedad culta, sensata y avanzada.

Tenemos en la mano devolver el reconocimiento social a aquellos que realmente se lo merecen. El declive de una sociedad no viene por el azar fortuito de una superstición, al igual que el declive de una persona no viene por un simple error. Darle prioridad a las cuestiones emocionales que son volubles y caprichosas hace que la justicia vital castigue su reconocimiento. Si la sociedad considera que el espectáculo debe ser nuestra referencia educativa, no nos quejemos de que estamos perdiendo capacidad competitiva en los ámbitos culturales propiamente dichos.

El dinero es un medio para alcanzar un objetivo, pero nosotros construimos las causas que requieren el dinero y conseguir sus consecuencias así que no utilicemos como argumento algo que simplemente es una excusa.

Los generadores de cultura intelectual necesitan ser valorados, remunerados como se merecen y reconocidos socialmente.

La cultura del esfuerzo no se activa desde la palabra sino desde los hechos. Para que los futuros ‘mejores’ estén donde se merecen, debemos reconocer y valorar a ‘los mejores’ que hoy, día a día se están sacrificando por el bien social, por el bien común, por el bien de todos sin ser reconocidos socialmente como se merecen.

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