Archivo mensual: julio 2012

La importancia de las cosas

Sirva para limpiar nuestra alma.

 

¿Qué consideramos importante? ¿A qué cosas les damos un rango especial?, ¿Cuál es la vara de medir la importancia de las cosas?, ¿Nos influye la sociedad?, ¿Somos capaces de privilegiar nuestro preferencia en detrimento de la presión de nuestro alrededor?, ¿Existen aspectos que tengan la misma importancia para todo el mundo?, ¿La familia?, ¿El amor?, ¿El trabajo?, ¿El ocio?, ¿El dinero?, ¿Dónde reside la verdadera importancia de las cosas?

Es posible que influya nuestra situación personal, familiar, laboral, sentimental. Es posible que nuestro proceso de maduración sea un filtro de aquellas cosas que consideramos relevantes cuando somos adolescentes (y adolecemos de razón) y que luego pasan a un segundo o tercer lugar. Es posible que la educación sea el sendero que nos hace recorrer los caminos indicados y nos haga resaltar lo que ‘deberíamos’ considerar importante. Es posible que el momento histórico haga que las cuestiones económicas, las relaciones personales o los programas de televisión adquieran un rango considerable y que será de carácter efímero, pero entonces me pregunto, ¿Hay algo eternamente relevante?, ¿Hay algo que no sea veleta histórica?, ¿Qué es lo importante?

Aún a riesgo de caer en un relativismo absurdo, podemos decir que las cosas tienen la importancia que nosotros le damos. Muchas veces nos encontramos en situaciones complicadas que socialmente serían de difícil dominio, pero nuestra psique es capaz de preferenciar, de privilegiar un recuerdo, un sueño, una motivación, un familiar, etc.. y ‘salir’ de ese estado complicado con un éxito considerable. El paso por la vida, el contacto con la gente, las múltiples cosas que observamos cada día hacen que nuestro corazón se incline a favor de unas cosas en detrimento de otras. La importancia es esa parte de nuestra alma que dejamos en los rostros que queremos conservar, en los sitios que queremos recordar, en las canciones que queremos oir, en los libros que queremos volver a leer. La importancia es una parte de nuestro ‘yo’ que se deposita en el arco iris de las cosas que preponderamos sobre el resto.

Aunque la vida no es relativa, nosotros tenemos el poder de relativizar las situaciones que vivimos. Graduar la importancia de las vivencias. Solemnizar una mirada en perjuicio de un grito, privilegiar un abrazo frente a un golpe.

En el mundo estaríamos mejor si fuésemos capaces de darle la importancia que queremos a las cosas que vivimos y no la importancia que quieren otros a las situaciones que nos obligan a vivir.

No somos dueños del pasado que heredamos, pero si somos señores del futuro al que aspiramos. De nosotros depende.

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¿De qué estás hecho?

Sirva para revisar nuestra batería vital

El laberinto de la vida nos obliga a ejercer nuestra libertad a cada paso que damos. Las consecuencias de nuestras acciones van construyendo un perfil que nos define, nos determina, pero ¿Cuál es la raíz de nuestros actos?, ¿En qué basamos nuestras decisiones?, ¿Cuál es el fundamento nuestro juicio?.

Saber de que ‘estamos hechos’ facilita el camino hacia el futuro. La proyección vital hacia lo desconocido reduce su nivel de incertidumbre cuando los pilares personales y las metas futuras son conocidos. Cada día somos testigos de muchas cosas que nos gustan y de otras que rechazamos. Esos ejemplos constituyen en nosotros un proceso de elección interno que va conformando nuestro trazo personal. Como nuestro paso por la vida se fundamenta en vivir cosas que desconocemos, necesitamos buscar en nuestro fuero interno para encontrar la mayor seguridad posible y es ahí donde nos preguntamos, ¿De qué estamos hechos?.

Nadie dijo que nuestro paso por la vida fuera fácil. No somos dueños de las circunstancias que heredamos, pero si somos capaces de adquirir una forma determinada para afrontarlas. Muchas personas nos han enseñando que el entrenamiento es la mejor medicina para la vida. El esfuerzo es el alimento de los ganadores. La convicción es la sonrisa del alma.

No siempre se gana, no siempre se consigue lo que se quiere, no siempre el triunfo viene a recibirte con un abrazo, pero toda experiencia vital es una lección de humildad que nos enseña a luchar por lo que queremos y a preguntarnos una y otra vez ‘¿De qué estamos hecho?’.

Y tú, ¿De qué estás hecho?