Archivo mensual: febrero 2012

La regla de las tres ‘P’

Sirva para enaltecer tres pilares que parecen desaparecidos en la actualidad.

Alguna vez escuche que era importante tener en cuenta la regla de las tres ‘P’. Hacia referencia a tres consignas que pueden guiar la vida de una manera ordenada, coherente y racional. Las tres ‘P’ son ; Paciencia, Prudencia y Perseverancia.

La Paciencia, imprescindible como el oxígeno que respiramos. Necesitamos aspirar dosis consistentes de Paciencia para contraponer los arrebatos inesperados que la vida nos presenta a cada segundo. El devenir de nuestro presente más cercano es un títere que se maneja por tantas variables que nuestra voluntad se difumina en una maraña de coordenadas que no podemos contralar. Aunque la realidad que percibo no la puedo elegir, si que puedo escoger como afrontarla. La Paciencia me ensaña como domesticar un revés imprevisto que reubica nuestra posición en el mundo. La Paciencia es tan necesaria como el Sentido del Humor que la alimenta.

La Prudencia. Como decía Epicuro en la carta que le escribió a Meneceo ‘De la Prudencia ‘nacen todas las demás virtudes porque enseña que no es posible vi­vir feliz sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin ser feliz. Las virtu­des, en efecto, están unidas a la vida feliz y el vivir feliz es inseparable de ellas ‘. La Prudencia determina nuestra forma de estar en el mundo. Nuestra forma de relacionarnos con los demás. Nuestra forma de interpretar lo que vamos viviendo. La búsqueda de la felicidad requiere de un equilibrio prudencial que marcará la senda que nos permita conseguir el objetivo deseado. No se puede vivir feliz sin Prudencia., porque no se puede vivir en soledad.

La Perseverancia constituye la esencia de los sueños. La semilla de la ilusión por conseguir aquello que deseamos, requiere de un microclima sostenido por el Sol Perseverancia. La luz que se requiere cada día para conseguir la felicidad viene proyectada por el astro de la constancia, el tesón, la tenacidad, el ahínco. La Perseverancia derrumba los miedos generados por el oscuro camino que se vislumbra en el futuro. Seguir hacia delante con Perseverancia supone mejorar aquello que creemos que somos, descubrir que nuestros límites solo son fronteras que nos vamos poniendo como justificación del miedo para seguir creciendo.

Cuando la Paciencia nos acaricia con afecto,  podemos escuchar mejor a la Prudencia que nos invita a dejarnos llevar por la Perseverancia que lleva a sentir el abrazo de la Felicidad.

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Hacer las cosas bien

Sirva para….pensar

Muchas veces me pregunto si estamos haciendo las cosas bien, si vamos por el buen camino, pero ¿Qué es hacer las cosas bien?. Trato de pensar en sentido global, en la sociedad de la que formamos parte y en la que nos desenvolvemos. Necesito pensar si estamos haciendo las cosas bien porque creo que es el único camino para poder vivir de la mejor forma posible, pero aquí vuelve a surgir otra pregunta, ¿Cuál es la mejor forma posible de vivir?. Lo fácil es pensar que cada uno tiene su forma de vivir, y no lo critico, pero necesito pensar que hay unos mínimos que debemos de entender por ‘BIEN’, y por ‘MEJOR’ que debemos compartir y en base a ellos poder construir una sociedad en la que todos tengamos la seguridad que el camino por el que avanzamos es el correcto.

Afortunadamente por el mundo han pasado, pasan y pasarán personas que nos ayudan a percibir el sentido de lo correcto. Gente que lucha por reivindicar la dignidad de la persona, la dignidad de la humanidad. Gente que no piensa en el beneficio propio sino que percibe el mundo global como un corazón inmenso que palpita la misma sangre que corre por sus venas.

Algunas veces las personas actúan a sabiendas de que no están haciendo las cosas como debería de ser. Tratan de ganar terreno en alguna negociación para conseguir un benefício con la excusa de que el ‘EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS’, pero nada más lejos de la realidad, al final, las acciones que se han tomado para conseguir lo que se pretendía y se sabía que no eran las correctas, tienen sus consecuencias. Más tarde o más temprano, pero todo se paga.

Debemos de buscar el bien social. Debemos de buscar el bien personal. Debemos de buscar el bien que nos permita tener la sensación que todo va como debe de ir. Es posible que esas personas que han sido ejemplo para todos nos digan qué es lo correcto.

Pero la gran esperanza no está sólo en percibir que hay personas que lo han hecho, sino que TODOS NOSOTROS podemos hacerlo también. Tenemos mucho más poder del que pensamos. Todos somos capaces, pero no todos somos valientes. Ese tipo de valentía se alimenta de servicio, de entrega, de visión global, de abnegación.

Podemos hacerlo. Busquemos el BIEN, hagamos el BIEN, podemos hacerlo, tenemos poder.

Solidaridad

Sirva para dejar volar los vientos del egoísmo y sentir la suave brisa del compartir

¿Somos solidarios?, ¿Nos gusta compartir?, ¿Cómo vivimos la solidaridad?, ¿Supone un esfuerzo?, ¿Surge de forma natural o supone un constructo social?, ¿Nos invita esta sociedad a la solidaridad?, ¿Cómo manifestamos nuestra solidaridad?.

Observando las actitudes de las personas que nos rodean, surge la duda acerca de si la solidaridad es un rasgo de nuestra condición humana o simplemente un invento de la cultura para tratar de calibrar los desequilibrios ocasionados por el egoísmo innato. La forma de percibir el mensaje social que nos advierte de la importancia de salvaguardar nuestros bienes y tratar de proteger nuestro futuro, nos invita, de forma directa e indirecta, a seguir el rasgo natural de la supervivencia pero jugando en terreno social. La condición de la selección natural fluye en esa búsqueda de una supervivencia que tratamos de ejercer cuando percibimos una amenaza para nuestra condición vital pero , ¿Nos regimos por las mismas pautas que el resto de la especie animal?, ¿Vivir en sociedad exige la selección natural?.

La reflexión parte de una actitud percibida en el video que muestra a dos niños que esperan la misma cantidad de alimento al levantar la tapa que los cubre, pero cuál es su sorpresa, que sólo uno de ellos tiene comida. Esta situación nos lleva a pensar que el pequeño que ha recibido la ración doble de comida se quedará con ella, tratando de protegerla hasta finalizar su tarea. El otro niño irá en busca de la ración que percibe que le corresponde. A lo que el propietario inesperado, contestará con la clásica respuesta de estas edades ‘ES MÍO’. Pero los hechos no ocurren así. Sintiendo los protagonistas que nadie más les está observando, aquel que recibió el alimento, decididamente, trata de romper de forma ecuánime la porción para entregar, a la otra parte, aquello que siente que le corresponde. Entonces, ¿Es que la solidaridad es natural?, ¿Surge de forma innata el compartir lo que tenemos?, ¿Tratamos de forma instintiva de ajustar aquello que pensamos que es desproporcionado?, ¿Es la sociedad la que nos hace egoístas?, ¿Son las formas sociales que vivimos las que nos fuerzan a actuar desequilibrando la balanza?, ¿Por qué ocultamos algo que tenemos?, ¿Por qué hacemos una coraza a la solución del problema?.

Después de percibir las caras, una vez ejecutado el hecho, parece que la satisfacción más grande no estaba en la defensa a ultranza de algo que se considera ‘SÓLO MÍO’, sino que las sonrisas aparecen por igual en la entrega por parte de aquel que tiene, sobre aquel que lo reclama.

 La solidaridad multiplica la felicidad y elimina la envidia. El egoísmo multiplica el rencor y elimina la felicidad.