Solidaridad

Sirva para dejar volar los vientos del egoísmo y sentir la suave brisa del compartir

¿Somos solidarios?, ¿Nos gusta compartir?, ¿Cómo vivimos la solidaridad?, ¿Supone un esfuerzo?, ¿Surge de forma natural o supone un constructo social?, ¿Nos invita esta sociedad a la solidaridad?, ¿Cómo manifestamos nuestra solidaridad?.

Observando las actitudes de las personas que nos rodean, surge la duda acerca de si la solidaridad es un rasgo de nuestra condición humana o simplemente un invento de la cultura para tratar de calibrar los desequilibrios ocasionados por el egoísmo innato. La forma de percibir el mensaje social que nos advierte de la importancia de salvaguardar nuestros bienes y tratar de proteger nuestro futuro, nos invita, de forma directa e indirecta, a seguir el rasgo natural de la supervivencia pero jugando en terreno social. La condición de la selección natural fluye en esa búsqueda de una supervivencia que tratamos de ejercer cuando percibimos una amenaza para nuestra condición vital pero , ¿Nos regimos por las mismas pautas que el resto de la especie animal?, ¿Vivir en sociedad exige la selección natural?.

La reflexión parte de una actitud percibida en el video que muestra a dos niños que esperan la misma cantidad de alimento al levantar la tapa que los cubre, pero cuál es su sorpresa, que sólo uno de ellos tiene comida. Esta situación nos lleva a pensar que el pequeño que ha recibido la ración doble de comida se quedará con ella, tratando de protegerla hasta finalizar su tarea. El otro niño irá en busca de la ración que percibe que le corresponde. A lo que el propietario inesperado, contestará con la clásica respuesta de estas edades ‘ES MÍO’. Pero los hechos no ocurren así. Sintiendo los protagonistas que nadie más les está observando, aquel que recibió el alimento, decididamente, trata de romper de forma ecuánime la porción para entregar, a la otra parte, aquello que siente que le corresponde. Entonces, ¿Es que la solidaridad es natural?, ¿Surge de forma innata el compartir lo que tenemos?, ¿Tratamos de forma instintiva de ajustar aquello que pensamos que es desproporcionado?, ¿Es la sociedad la que nos hace egoístas?, ¿Son las formas sociales que vivimos las que nos fuerzan a actuar desequilibrando la balanza?, ¿Por qué ocultamos algo que tenemos?, ¿Por qué hacemos una coraza a la solución del problema?.

Después de percibir las caras, una vez ejecutado el hecho, parece que la satisfacción más grande no estaba en la defensa a ultranza de algo que se considera ‘SÓLO MÍO’, sino que las sonrisas aparecen por igual en la entrega por parte de aquel que tiene, sobre aquel que lo reclama.

 La solidaridad multiplica la felicidad y elimina la envidia. El egoísmo multiplica el rencor y elimina la felicidad.

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