Archivo mensual: septiembre 2013

Espacios verdes de concordia

Sirva para reflexionar sobre los puntos que nos unen

‘Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa’. Imagino que la gente es consciente de esta realidad, pero las presiones de conveniencia, los intereses oscuros o los egos de vana-gloria buscan más las pequeñas diferencias que nos alejan que las grandes cercanías que nos unen.

Es enriquecedor ver una sociedad civil que comparte sus diferentes puntos de vista desde la cordialidad, el diálogo razonador y la búsqueda de pretensión de verdad con un carácter humilde. En la actualidad vemos que grupos de personas se integran en partidos políticos u organizaciones sociales para acentuar las disputas entre las diferentes formas de pensar. La diversidad no es mala, pero los extremos que se hablan sin respetar, se oyen sin escuchar y se miran sin observar, desvirtúan la riqueza de una arcoíris de pensamiento que es nuestro mayor baluarte como sociedad que formamos.

Las circunstancias han marcado un ritmo en nuestra cultura que determina el ‘cómo’ debemos de relacionarnos. En el modo de proceder actual existe una búsqueda de fortines ideológicos en los que se trata de reafirmar ciertas glorias pasadas que más bien acaban separando a los miembros de la comunidad social que nos constituye . En un mundo en el que las fronteras van cayendo y las gentes van conquistando derechos que nos igualan y libertades que nos identifican, algunos, siguen poniendo fronteras por unos planteamientos ideológicos llevados más con el vigor de los instintos que con el rigor de la razón.

Hoy en día necesitamos recuperar (o crear) ‘espacios verdes de concordia’. Lugares comunes que nos unan y reafirmen como miembros de una sociedad civil que necesita bajar las armas de separación y alzar las voces de la unión. Las crisis, a lo largo de la historia, han servido para tocar el fondo de unas inercias que no eran buenas, es por ello que, desde ese fondo en el que nos encontramos, debemos buscar lugares de oxigenación política, de mínimos comunes y de diálogo enriquecedor en la diversidad.

Los espacios verdes de concordia no buscan el beneficio propio sino el bien común, no buscan el ‘carrerismo’ cruel sino la posición de justicia para todos, no buscan el ‘falso’ privilegio del corto plazo sino la argumentación lógica atemporal, no busca un campo de batalla dialéctica sino un hilo conductor a varias voces pero que pretenda la verdad, no busca desvirtuar el significado de las palabras sino darles sentido y dirección, no busca una foto para la historia sino un rinconcito en la historia para generar libertad y reivindicar derechos,….es la búsqueda común del deseado ‘bien común’.

Cuando los egos se oculten, la humildad aparezca, la verdad se pretenda y la libertad se disfrute, los ‘espacios verdes de concordia’ ayudarán a oxigenar el debate constructivo para una sociedad más libre, igual y justa.

No es un utopía. Nosotros ya hemos empezado…..

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Lecciones de una crisis (3)

La ‘desdramatización’ de la elección

Sirva para admitir nuestras responsabilidades.

Parece que estemos en el ‘Era de la irresponsabilidad’. Todos somos conscientes de que esta vida lleva consigo la necesidad de tomar decisiones. Necesitamos plantearnos todo lo que hacemos desde lo más insignificante hasta lo más trascendente, pero ¿Qué ocurre cuando no queremos asumir la responsabilidad de nuestros actos?.

Sólo hace falta abrir los ojos para darnos cuenta de que a la gente no le gusta mucho asumir responsabilidades. Desde los más pequeños que no son conscientes de que cada acción tiene una repercusión inmediata en ellos y la gente de su alrededor, hasta los más mayores que haciendo dejación de sus funciones prefieren asumir el pago de una sanción (aunque sea moral y en conciencia) a la previsión de una acción incómoda.

La ‘Era de los irresponsables’ nos abraza. La gente que quiere cumplir con lo que hace, con lo que dice, o con lo que se le exige, se le llama ‘tonto’ o ‘pringao’, sin embargo, aquel que es capaz de idear trampas o argucias para escabullirse de cumplir su función o acatar la responsabilidad de un acto se le llama ‘genio’, ‘espabilado’ o ‘listo’. La pillería sólo nos conduce a la desconfianza, la destrucción y el desconcierto. Necesitamos saber que hay un conjunto de normas racionales que rigen nuestra vida y que además las gentes con las que nos cruzamos todos los días por la calle son conscientes de ellas y responden, cumpliéndolas, igual que tú. Necesitamos confiar en que la gente ‘es de fiar’ y no estar siempre sembrando la sospecha sobre la inacción de éste o la pillería de aquel. Todos formamos parte de un sistema que necesita la asunción de las consecuencias de nuestros actos, por ello debemos de pensar bien lo que hacemos, lo que decimos o lo que deseamos. Todo influye, todo afecta, todo repercute. Nuestra forma de mirar, de escuchar, de pensar y sobre todo de actuar.

Una de las causas que han inducido a la situación actual está en la ‘desdramatización de la elección’. Desde hace unas décadas la forma de educar (también en los colegios) es quitándole importancia a las malas elecciones que se han tomado. El crecimiento de un cierto tipo de psicología emotiva –mal entendida- en la que prima el cuidado de la ‘auto-estima’ ha hecho que reduzcamos la sensación de fracaso o el dolor de un ‘tropiezo’ a una mera anécdota que no tiene importancia. La expresión social ‘No pasa nada, no te preocupes, surgirán otras posibilidades’ ha producido que  la toma de decisiones no sea difícil, rigurosa y exigente en el discernir, sino un ‘brindis al sol’ o una mera cuestión intrascendente. Si alguien no cumple lo que dice; ‘No pasa nada, habrá otra oportunidad’. Si alguien no cumple con las normas; ’No pasa nada, no tendrá repercusión’. Si alguien comete un fallo que tiene graves consecuencias sobre otra persona o sobre mobiliario urbano; ‘No pasa nada, ya lo repararán otros’. No puede ser que nos excusemos constantemente en una calma social ficticia pensando que la culpa no es nuestra sino otros.

Todos tenemos, inevitablemente, un ámbito de acción y debemos responder por él. No podemos acoger con gusto los derechos que nos corresponden y evadirnos con picaresca de las obligaciones que van solapadas.

El rigor de discernir sobre si hacer o no una acción ya no puede ser considerado como una opción sino como una obligación. Toda acción tiene su consecuencia y debemos conocerla o como mínimo tratar de preverla.

No tengamos miedo a hacer de este mundo un sitio agradable, pero pensemos que también convivimos con más seres además de nuestro preciado y enaltecido ser.