Archivo mensual: febrero 2013

El Desierto

Sirva para apreciar el valor del retiro.

Estamos en época de desiertos, de silencios, de soledades. Estamos en época de decisiones, de reflexiones, de iniciativas. Estamos en época de valentías, de superaciones, de libertades.

El tiempo teológico y también el social, nos conduce a la necesidad de buscar nuestro desierto personal, nuestro desierto propio y acoger con serenidad, con lucidez pero también con seriedad las opciones de libertad que se nos plantean. Pero, ¿Sabemos buscar el desierto?, ¿Sabemos vivir nuestra soledad?, ¿Sabemos con-vivir con el silencio?, ¿Estamos dispuestos a ganar y/o perder?

Una de las primeras situaciones que vivimos cuando estamos en el desierto, son las tentaciones. ‘No vas a ser capaz’, ‘Vuelve con lo de antes, más vale malo conocido que bueno por conocer’, ‘¿Esto de que te sirve?’, ‘¿Para qué vale todo este sacrificio?’….tentaciones que nos quieren derribar el trabajo bien hecho, nos quieren pinchar el globo de la constancia que vamos hinchando día a día. Las tentaciones son inversamente proporcionales a nuestra fuerza de voluntad. Pero es una prueba vitalmente necesaria.

El desierto rompe con el horizonte de control, de rutina, de seguridades. El desierto rompe con el confort de los muchos comodines que empleamos para satisfacer nuestros caprichos. El desierto es duro, largo y seco, pero filtra todo aquello que no es necesario, imprescindible. El desierto nos hace pensar, y como decía Ortega y Gasset, pensar es un acción, no es algo que nos pasa, sino que es algo que hacemos.

La oración es un buen remedio para atravesar nuestros desiertos. La conversación confiada, sincera y entregada con Aquel que nos trasciende es la luz que necesitamos cuando la oscuridad de la desolación arrastra nuestras decisiones. La oración de San Ignacio ‘Alma de Cristo’, resume esa petición fiel a un ser amado para que conforte un espíritu que no quiere huir de su camino, que quiere afrontar la Voluntad de Dios para su vida.

Cuando estemos viviendo los azotes de un duro ‘desierto’, no olvidemos tres grandes cosas; No estamos sólos, pues hay gente a nuestro alrededor que nos quiere y acompaña; Las situaciones pasan, el tiempo no espera y todo lo que empieza, acaba; y finalmente no olvidemos mirar nuestro corazón, nuestra esencia, para poder eliminar todos los estorbos que la rutina nos presenta en formas de ‘riqueza,poder y éxito’ y nos despistan de nuestra vocación.

Busquemos y vivamos con naturalidad nuestros desiertos, nuestros tiempos de purificación. Ellos guiarán el espíritu de un cuerpo que necesitamos saber escuchar.

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El por-hacer del por-venir

Sirvan estas palabras para no dejar al azar las consignas de nuestro destino.

¿Hasta dónde estás dispuesto a dar?, ¿Cuáles son tus límites?, ¿Conoces tus capacidades?, ¿Cuáles son tus motivaciones?, ¿Cuándo piensas empezar a disfrutar de la libertad tomando decisiones?, ¿Quieres vivir una vida llena de pensamientos tóxicos?, ¿Por qué no coges el testigo que se te ofrece?.

Muchas veces pensamos que las personas que hacen cosas especiales son personas especiales. Pero la excelencia de una vida no se refugia en una condición externa a la persona, sino en cúmulos de pensamientos positivos que saben discernir aquello que les favorece en detrimento de aquello que les perjudica. La vida, es mucho más grande que nuestra voluntad caprichosa y tendenciosa, pero nuestro horizonte vital nos ofrece constantemente oportunidades para coger el testigo de hazañas personales que pueden determinar el rumbo de una vida.

Nuestras vidas estar ‘por-hacer’. Somos nosotros los constructores, arquitectos, ingenieros, fontaneros, carpinteros, profesores, médicos, psicólogos, historiadores y community managers de nuestras propias vidas. Es muy fácil echar la culpa a los otros cuando las cosas no salen bien, o buscar un refugio para esconderse cuando el proyecto que se nos presenta creemos que es demasiado grande, o pensar que la propuesta de un por-venir diferente, atractivo y satisfactorio, no va con nosotros porque no queremos esforzarnos, pero sólo seremos capaces de avanzar, cuando nuestro desdén sea más pequeño que nuestra ilusión, cuando nuestra mediocridad sea eclipsada por nuestro espíritu de superación, cuando nos creamos de verdad, que los sueños se pueden conseguir.

El mundo actual necesita de gente creyente. Gente que crea en sí misma, gente que crea que las cosas se pueden hacer, que los retos se pueden conseguir, que ‘la satisfacción del trabajo bien hecho’ nos es una expresión acertada de un buen escritor, sino un estado vital real y posible, gente que crea en los demás. Necesitamos a gente que tome el testigo, que no piense en el por-venir como descargo de conciencia pensando ‘Ya se ocuparán otros de eso’, no, somos TODOS los que HACEMOS este mundo, pero para ello hay que creer, hay que confiar y sobre todo, hay que trabajar.

Es posible y probable que nos encontremos con gente que piense que no se pueden cambiar las cosas y que lo mejor es ‘cubrirse las espaldas’. No nos llenemos de pensamientos negativos. No nos dejemos influir por la necedad y  la cobardía. El miedo ni satisface ni convence. Todo es tan posible como la capacidad que tengas de creer en ello.

¿Estás dispuesto a liderar tu por-venir?, ¿Estás dispuesto a subir a la cumbre de tus montañas personales? Estoy dispuesto a acompañarte. No estás solo.