Archivo mensual: agosto 2014

El Destino

Sirva este video para preguntarnos hacia donde caminamos y por qué.

¿Cuál es nuestro camino?, ¿Nos debemos a algo?, ¿A qué nos debemos?, ¿Qué debemos descartar y qué elegir?, ¿Cuál es nuestro destino?, ¿Debemos cumplir con él?, ¿Podemos darle la espalda?, si existe, ¿Lo construimos a cada paso o eso es sólo un engaño esperanzador?, ¿Tenemos la suficiente libertad como para gestionar nuestras vidas?, ¿Será cierto aquello de que cada uno estamos llamados a cumplir con nuestra vocación?, y si es así, ¿Cuál es nuestra vocación?, ¿Es sólo una?, ¿Podemos elegirla o nos viene impuesta?, ¿Hasta dónde soy capaz de elegir?.

Vidas potenciales. Esa es nuestra ilusión, pero también nuestra condena. Imaginamos vidas que nos gustaría vivir pero que quizá sólo son espejismos fundados en ilusiones esperanzadas que nos ayudan a huir o decorar la realidad que vivimos. Pero , ¿Tenemos siempre la posibilidad de cambio?, ¿Existe siempre la oferta de cambiar y empezar de nuevo?, ¿Eso nos asegura que lo que vivamos será mejor que lo que vivimos?.

Entiendo que la sociedad actual descubre sus pilares constituyentes cuando mantiene el “sueño americano” en cada uno de los corazones. Entiendo que la motivación (real o ficticia) es necesaria para que las circunstancias adversas que surgen en todas las vidas puedan ser afrontadas con mayor entereza pero necesitamos del discernimiento para filtrar, decantar y seleccionar. Entiendo que en los días grises nuestra imaginación se convierta en la ‘loca de la casa’ como decía Santa Teresa y nos lleve a querer salir, escapar de aquello que no nos gusta, pero ¿Qué oferta tiene un sabor agradable desde el principio hasta el fin?, ¿Qué vida te asegura la felicidad completa?, ¿Es aquella que sigue el curso de tu destino?, ¿Es aquella que eliges porque sientes que te atrae, te emociona, te provoca?…Cuál es tu camino, qué dirección llevas tatuado en tu corazón……

No podemos vivir todo. Las etapas de la vida exigen unos mínimos que cumplimos de manera consciente y también sin darnos cuenta. En esa historia personal que vamos escribiendo seguimos un sendero que llena nuestra mochila de experiencias vitales –trancendentes y mundanas-. En ese proceso vamos seleccionando aquello que nos produce unas mociones positivas, equilibradas y agradables. Pero no todo el camino que escogemos tiene el mismo aroma, el mismo perfume, las mismas condiciones. La moneda para que tenga valor debe tener dos caras diferentes.

A nadie le gusta que los planes se tuerzan, que las opciones varíen o que la fuerte provocación de algo nuevo  te quiera hacer cambiar de opinión porque lo que a todo el mundo le gustaría es que cuando elige algo, esa opción fuera una producción de felicidad completa para el resto de su vida sin contratiempos, sin tentaciones, sin dudas, pero eso no es real, eso no existe. La imaginación se puede convertir en nuestra peor aliada.

Aquiles tuvo que elegir. Una vida tranquila, acompañada, valorada o una vida en soledad, breve pero gloriosa. Troya marcaba un destino que descartaba otras opciones. La inmortalidad era un fin que exigía unos medios difíciles. Su destino se plantó frente al él y le preguntó, ¿Qué quieres hacer?, Tienes que elegir.

Mirar hacia delante, tratar de no entenderlo todo, guiarse por el corazón y acompañar con la cabeza, no dejar que la maldita nostalgia acampe en tus sentimientos, confiar en que las cosas saldrán bien, darlo todo a cada paso, ser fiel para ser coherente y saber decir ‘adiós’ para poder decir ‘hola’ pueden ser las coordenadas que ayuden a elegir ese camino tan importante, tan decisivo.

Antes o después el destino llega y pregunta.

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Segunda oportunidad

Sirva para escuchar el interior, cerrar los ojos al pasado y respirar el aire nuevo de un futuro esperanzado.

Si, existe la segunda oportunidad. Existe la ocasión para volver a sonreir, para sentir que la vida esta de tu lado, que los latidos del corazón que escuchas no son martillazos que te castigan por las dudas del pasado, los errores de la ocasión fallida o la dejadez que lideró la maldita pereza. No, no te culpes por aquello. Escucha la música, respira hondo y date tiempo. La segunda oportunidad está ahí, a tu mano, sólo depende de que tu corazón lo crea y tu cabeza lo entienda.

Mucha gente echa la culpa a las circunstancias pero no entres en ese juego. El mundo tiene su ritmo, a veces  pesado, duro y difícil de comprender, pero no uses como excusa lo que puedes convertir en argumento para generar una segunda oportunidad. Supongo que me dirás que es fácil decirlo y que las palabras decoran lo que la realidad oculta y no te voy a quitar razón, pero también te diré que las palabras son la chispa de arranque de una motivación que puede hacer que tu vida sea de otro color, que los días tengan otra  inspiración, que el futuro no sea una condena sino una segunda oportunidad.

Los tiempos difíciles duelen, es cierto, pero siente la mirada de aquel que te comprende, que te quiere, que te escucha. Una segunda oportunidad no tiene que tener los mismos instrumentos y generar la misma melodía. La realidad es poliédrica y nuestro campo de visión, audición y olfato no debe limitarse a la experiencia pasada. Las lágrimas que despiden lo vivido limpian el camino para la nueva experiencia. No tengas miedo a empezar de nuevo. Puedes resucitar saliendo del oscuro camino que quizá haya terminado o hayas querido que termine, pero insisto, no tengas miedo a empezar de nuevo una o cuantas veces consideres. La vida sólo termina cuando tu corazón deja de emitir la sonrisa por percibir el sol cada mañana, hasta entonces, siempre existe la posibilidad.

‘Conócete a ti mismo’ era el lema griego que lideraba el Templo de Apolo en Delfos, cuna de sabiduría, predicción y creencia. Pues bien, ese conocimiento ayuda a saber cuáles son tus talentos, tus límites, tus miedos. La segunda oportunidad vendrá diseñada por esas coordenadas. Mira el cielo, escucha tu interior y da el primer paso. Sólo te pido eso, un paso. La confianza no viene en paquetes low cost, sino desde el conocimiento de quién eres, cómo eres y lo que puedes.

La segunda oportunidad existe, créeme. No mires al suelo ni alimentes la desazón. No esperes que ocurra lo mismo que ha ocurrido. La segunda oportunidad suena diferente pero está, existe y te espera.

Negociar

Sirva para encontrar un punto de acuerdo.

Siempre estamos negociando. Negociamos para conseguir algo, para deshacernos de algo, negociamos porque lo buscamos o negociamos, también, cuando nos vemos envuelto en un cruce de variables que requiere la mejor y más rápida salida. Negociamos a sabiendas y negociamos también de manera inconsciente. Negociamos con los demás pero sobretodo, negociamos con nosotros mismos.

La vida común nos obliga a buscar acuerdos. No podemos construir nuestro mundo al margen de los demás. La convivencia es un gran regalo que nos ha traído la evolución, pero también supone –y a veces exige- que nuestras intenciones  queden relegadas en el tiempo por otra necesidad mayor que no parte de nosotros, sino de aquellos que conforman nuestra realidad.

Conseguir todas nuestras apetencias en cualquier momento es una entelequia que ni el mismísimo Platón, rey de las ideas, hubiera firmado. La razón sabe que no tiene todas las acciones de las empresas que pretende, pero la voluntad trata de disuadir los argumentos en pro de unos afectos irracionales que sueñan con futuribles imposibles, ridículos o, tan sólo, poco probables. Con-vivir exige pactar, negociar, llegar a acuerdos para poder buscar, en conjunto, el bien común.

Las peores negociaciones no son las comerciales, las familiares, ni tan sólo las de pareja. Las peores negociaciones son con uno mismo. Tenemos la costumbre de querer aquello que no tenemos y eso, a veces, nos hace daño. La fuerza de voluntad nos educa para domar unas ilusiones que, en ocasiones, son peligrosas. Pero aún así, nos gusta auto-convencernos de que todo es posible. Buscamos argumentos de donde sea; ‘Otros lo han hecho y yo también puedo’, ‘Me haría muy feliz y yo quiero disfrutar de esa felicidad’, ‘¿Por qué tengo que resignarme a lo establecido? Yo marco mi destino’, y un largo etcétera que acaba por enamorar la voluntad y hechizar a la razón. Pero también tenemos el magnífico don de convencernos de lo contrario por lo que la balanza de decisión se suele quedar sin argumentos fuertes a la hora de tomar decisiones. Es entonces cuando tratamos de llegar a un pacto con nosotros mismos. Normalmente, nos comprometemos con un futuro que no existe y sin testigos. Lo hacemos lo más fácil posible para que no cause daño en nuestra conciencia.

Entonces, ¿Qué hacemos?, ¿Con quién negociamos?, ¿Cómo lo hacemos?.¿Dónde está la clave?.

Para conseguir el éxito en una negociación hay que buscar la necesidad. Esa es la clave. Quizá sea una necesidad psicológica, quizá física, quizá mediática, pero siempre hay una necesidad en uno mismo o en el otro que sirve de punto de inflexión para empezar el camino del acuerdo.

Negociar con otros nos abre un mundo de posibilidades, pero negociar con nosotros mismo nos permite conocernos mejor. Saca nuestro lado más fuerte, miedoso, fantástico, infantil, más honesto, ruin, elegante, nuestro lado más conciliador,…¿Cuáles son nuestras necesidades?, ¿Por qué hemos entrado en un proceso de negociación con nosotros  mismos?, ¿Qué pretendemos conseguir?…

Quizá la necesidad no exista y haya que inventarla. Quizá la necesidad este oculta detrás de unos miedos que la esconden. Quizá la necesidad sea simplemente saber que cuando la vida te sorprende con un gran regalo no tienes que combatirlo con argumentos, sino simplemente, dejarte llevar y confiar en que las cosas, al final, saldrán bien.

No tengas miedo a negociar.No tengas miedo a vivir.