Archivo mensual: septiembre 2012

Vietnam

Sirva para mirar y admirar las riquezas de otras culturas.

Estar en Vietnam es toda una experiencia. Muestra el exotismo de un mundo que combina las tradiciones más antiguas y los deseos más profundos de sacar el país de un agujero forzado. Azotada por un vendaval de pólvora y dolor, Vietnam, actualmente, enseña la sonrisa de unas gentes que miran el mundo con la fuerza interior de aquel que sólo quiere vivir, que sólo quiere adherirse a los ritmos de una vida que premia el esfuerzo y castiga la pereza.

Dentro del sueño de sentir el aroma de una cultura diferente aparece un escenario digno de las mejores ilusiones pictográficas. El color verde cubre cada metro como un manto que quiere esconder la riqueza de su tierra. Los campos de arroz llenan todos los rincones de unos ojos extranjeros que buscan sin aliento cual será la siguiente novedad. Las montañas de Halong se levantan victoriosas entre las aguas de la bahía con el orgullo de sentir la belleza representada. La ciudad de Hue continua con la melodía imperial de un tiempo que acogió el poder sobrenatural de un hombre que hoy descansa sobre ornamentos barrocos que admiran a los turistas. Las calles de la ciudad púrpura prohibida chillan los secretos que el tiempo no quiere olvidar.

Da Nang, Hoi An y Nha Trang nos revelan el encanto de personas que, mostrando su hospitalidad, entregan una parte de su ser en cada gesto, cada mirada, cada abrazo. Aunque el mundo quiera vestirse de forma circular y llevar un traje de miles de kilómetros, la esencia de los hombres y mujeres que lo habitan es la misma, aunque servida de diferente forma. Nunca olvidaremos a Dung que consiguió, y consigue, conquistar el corazón del viajero con una amabilidad y servicio alimentado desde la naturalidad, la transparencia, la humildad.

Vietnam nos enseña que no hace falta erigirse un pedestal interior y pensar que somos la cúspide del mundo. La humildad de sus gentes, que siempre nos regalan una sonrisa, nos muestran los pequeños detalles heredados de una filosofía taoísta que a través del Yin Yang nos destapan la esencia de una vida sin disputas, una vida desde el complemento y no el contraste, una vida desde la adición y no el conflicto, es decir, una vida que suma y no la tradición occidental tan orientada a la resta, al conflicto, a la batalla.

Bien es cierto que hace unos años estuvo subyugada a una guerra larga y pesada en la que los vietnamitas tuvieron que sacar sus mejores galas de honor, disciplina, esfuerzo y amor a una tierra que se veía colonizada. Pero después de la tempestad siempre llega la calma y ahora, en el ocaso de un conflicto que ya queda lejos, los gérmenes de la juventud nos enseñan que lo importante en esta vida es seguir hacia delante, querer crecer, querer mostrar al mundo de lo que es capaz esta tierra.

El caos que acompaña la vida del gran gentío que cubre Vietnam hace más especial su calor y cortesía para con el foráneo. La diversidad de normas, horarios y productos rompe con moldes establecidos sobre conceptos arrinconados en el cajón de lo bueno y lo malo. Todo vale.

Viajar durante más de 15 horas alrededor del mundo y tener la posibilidad de sentir el abrazo de una cultura diferente a la propia ayuda a entender que la vida en la Tierra no se fundamenta de compartimentos estancos. La experiencia de sentirse vivo no tiene nombre ni apellidos, ni necesita visados, ni idiomas, está a la vuelta de la esquina y dispuesta a sorprenderte. Vietnam es un gran ejemplo.

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