Coaching

Sirva para discernir lo que queremos ser y lo que podremos ser.

En la actualidad está muy de moda el ‘coaching’, pero, ¿Toda psicología positiva es ‘coaching’?, ¿Cuál es la verdadera motivación?, ¿La necesitamos?, ¿Por dónde puede aparecer el intrusismo?. ¿Todo el mundo puede llegar a hacer cualquier cosa?, ¿Dónde está el límite?.

La postmodernidad ha traído hábitos sospechosos que han generado actitudes relativistas. El engaño de pensar que ‘todo vale’ hace creer que siempre existe una posible solución, una mano salvadora o un mundo ideal donde acudir en caso de necesidad. Esa degeneración de la realidad reduce el ámbito de implicación y compromiso. La falta de vínculo en el proyecto abre un espacio entre la persona y su vinculación por sacarlo adelante, de tal manera que se enfrían las ilusiones, se silencian los sueños y desaparecen las motivaciones. El relativismo trae un mundo des-vinculado, des-motivado y des-ilusionado.

La gente necesita esa motivación. Necesita sentirse partícipe del mundo que vive. Saber que las cosas que hacen generan un camino personal que dota de sentido la realidad que se vive. La psicología humana depende de una balanza que determina el modo de proceder en las dinámicas activas en las que se ve implicado. Necesitamos saber nuestro ‘para’ y con ello descubrir nuestro ‘cómo’.

El problema viene cuando, ante esa falta de motivación fruto de las circunstancias históricas, surge gente que trata de vender humo, generar castillos en el aire o proporcionar sueños que pueden convertirse en tormentos. Por la grieta viene la trampa. Para poder hablar del desarrollo de capacidades es necesario hablar del esfuerzo que conlleva adquirirlas. Mostrar la grandeza de un sueño exige mostrar, también, la dificultad de alcanzarlo. Revisar nuestras virtudes obliga a re-encontrarnos con nuestras limitaciones. Ni todos tienen todo, ni todo pueden alcanzarlo todos.

Las palabras decoran la realidad, la señalan y a veces la describen. Pero hay gente que se empeña en generar bulos y fantasías. No es fácil decirle a alguien que no lo va a poder hacer o que ese sueño no se va a cumplir. Probablemente lo más educativo sea que tropiece para darse cuenta de sus limitaciones. En cualquier caso, no hagamos más grande un Goliat que algún día, sin previo aviso, puede conducirnos a la desesperación.

Discernir, eso es lo que necesitamos. Ponernos frente a nuestra realidad, frente a nuestra creación y tratar de seleccionar aquello que nos hace felices y descartar aquello que, aún con apariencia de bien, sólo nos pondrá contentos por un momento determinado. Necesitamos mirar más allá de los árboles para poder contemplar el bosque.

Dicen que ser maduro es aprender a decir ‘adios’. La posibilidad de cerrar un proyecto personal (generado desde la entelequia y no desde la objetividad) que hemos cultivado durante años supone un dolor grande que nos cuesta afrontar, pero es ahí donde hay crecimiento, construcción, camino.

No todo vale. No todo sirve por igual. No todos podemos todo. No da igual una cosa que otra. Cada uno tiene su camino, construido a cada paso, pero contando con las herramientas vitales que Dios le ha dado y con la capacidad de elección que el discernimiento le proporciona. Conocer nuestra realidad es un gran regalo.

No te dejes engañar pero no dejes de luchar.

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