Decir Adiós

Sirva para valorar lo que tuvimos y lo que tenemos….

Cuesta decir ‘adiós’ pero es tan necesario como decir ‘hola’. Las cosas en la vida se van, marchan, nos dejan. Es difícil ponerse delante de una situación de despedida porque nosotros, lo que realmente queremos, es que las cosas que nos gustan permanezcan siempre entre nosotros y las situaciones que nos han hecho sufrir se vayan lo más lejos posible. Pero la vida tiene otras normas que nuestra voluntad no puede modificar. Los tiempos son los que son y somos nosotros los que tenemos que aceptar el ritmo que marca el compás de la naturaleza.

El dolor de un ser querido que se va, de un amigo que nos deja o de una situación que apreciamos mucho y que finaliza hace que nuestro inconsciente rompa de nuevo con ese pacto personal que se hace con todo lo que nos aporta felicidad. Un pacto de eternidad que no cumple con el patrón natural que determina la temporalidad de las cosas, sino que genera una ilusión platónica en la que pensamos que siempre estaremos juntos.

Quizá la madurez sea, simplemente, aprender a decir ‘adiós’ sin que duela tanto. Aunque, a veces, a pesar de que el dolor no adquiera carácter público no significa que no exista por dentro. Duele dejar pasar aquello que construye nuestra identidad. Duele perder parte de lo que compone tu circulo afectivo de contención. Duele pensar que las cosas ya no volverán a ser como antes.

Pero el dolor es una pincelada más de la vida. Quizá sea el faro que nos avisa que no somos los dueños y señores de lo que vemos, de todo lo que vivimos, ni siquiera de nosotros mismos. Esa luz intermitente que nos recuerda que no somos un ‘todo’ sino que formamos parte de ‘algo’.

Agradecer lo que vivimos y con quien lo vivimos. Recordar que estamos de paso y valorar lo que tenemos, lo que perdemos y lo que somos.

No es fácil decir adiós, como no es fácil vivir. No es fácil despedirse de una persona que te quiere, un amigo que consuela,  un animal que te ha acompaña o un año que finaliza. No es fácil vivir en la temporalidad de las cosas cuando nuestra cabeza juega a los momentos infinitos y a las situaciones eternas.

Pero la vida sigue, el sol vuelve a salir y las horas siguen pasando. Tenemos el regalo del recuerdo, la experiencia del corazón y la sonrisa al recordar lo felices que éramos cuando estábamos con ell@s.

Gracias por lo vivido contigo.

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