Lecciones de una crisis (2)

Los políticos

Sirva para revisar las condiciones de los gestores públicos.

Los políticos son muy importantes. Desde siempre, un grupo de personas especializadas se han tenido que dedicar de manera integra a la gestión y dirección de la vida pública. Ciertamente, esa posición requiere de unas cualidades especiales que, con el paso del tiempo, se han ido relajando de tal manera que ahora no hace falta ser un hombre egregio para poder formar parte de este grupo de personas.

Una de las lecciones que nos ha enseñado esta crisis es que los partidos políticos no están dirigidos por ‘los mejores’. La flexibilidad a la hora de integrarse en el cuerpo de un partido político ha hecho que muchos ‘oportunistas’ aprovechen las grietas estructurales y se posicionen, de tal forma, que su incidencia sea relevante y sus decisiones mejorables.

TODOS, deberíamos de tener la responsabilidad social de querer contribuir ‘al bien común’ porque, a corto, medio y largo plazo nos favorece o como mínimo nos influye. La sociedad de la que formamos parte requiere de nosotros, como también nosotros de ella.

Los políticos sólo son coordinadores que deben solventar los problemas que puedan surgir y tratar de plantear mejores formas de vivir en las circunstancias que se presentan. Ahora bien, ¿Qué requisitos debería de tener un ‘buen político’? o ¿Qué condiciones debería de existir para que alguien fuera político?

Formación: Para ser político se debería de exigir que estuviera bien formada, fuera culta, y resolutiva. Los estudios estructuran la cabeza para poder sacar el mejor provecho y justamente eso es lo que se le pide a un buen político, que saque el mejor provecho de los recursos que dispone. La formación no debe ser una opción, debe ser una obligación. Ahora bien, esto es una condición necesaria pero no suficiente.

Experiencia laboral: Para ser político se debería de exigir, también, haber tenido, como mínimo, 5 años de experiencia laboral. La vida profesional muestra la necesidad del trabajo en equipo. El cumplimiento de objetivos supervisados por un jefe, el cumplimiento de horarios en los que tienes que sacar el máximo provecho y la dependencia de un sueldo que te obliga a darlo todo en tu jornada laboral. El político no debe tener sólo la perspectiva del ‘jefe’, es decir, la posición privilegiada de ‘toma de decisiones’. Debería saber lo que es recibir una instrucción de alguien que no forme parte de su partido político o de su vínculo familiar. El político debe de tener una visión amplia de la realidad.

Méritos: Para ser político se debería de exigir unas condiciones en los partidos políticos. No es posible que alguien empiece con una afiliación a los 18 años y escale posiciones, simplemente porque conoce a los que determinan esas posiciones o porque su familia es muy relevante en el partido, hasta conseguir un cargo de ‘primer nivel’ en las Instituciones públicas, sin haber hecho otra cosa en su vida. Un partido político no es un club social, una peña de amigos o una falla valenciana. Un partido político requiere de los mejores y los mejores no los determina un dedo contaminado por un interés, sino unos resultados adquiridos durante una experiencia vital amplia. Cuanto más exigentes sean en los partidos políticos, más nivel habrá en los sillones dirigentes.

Temporalidad: Las personas que quieran contribuir a la mejora del ‘bien común’ deben saber que los cargos políticos deben tener una fecha de caducidad, que el periodo de servicio debe tener un comienzo pero también un final y éste no debería de exceder los 8 años. El poder es muy goloso y anulas las intenciones primeras con las que se entra para cubrir dos requisitos a los que aspira: mantener el poder y extenderlo a más gente. Por ello, el político debe ser político de servicio, no de oficio. Para ello es muy importante que las personas que se dediquen a la vida pública tengan una vía de salida en la vida privada. No se puede permitir que alguien permanezca en política porque ‘no tiene otra cosa’.

Afortunadamente, hay mucha gente que cumple su función con honradez, transparencia y justicia. Que no se deja llevar por inercias viciosas o servidumbres corruptas, sino que cumplen con su deber respetando las reglas del juego. Debemos apoyar a estos políticos que, durante el tiempo que están, cumplen con fidelidad su función, así como también debemos condenar a todos aquellos que quieren utilizar el hermoso arte de la política para enriquecerse, aprovecharse o vanagloriarse.

Sigamos luchando para encontrar a ‘los mejores’ en el gobierno de los hombres.

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