Aprender a ubicarse

Sirva para recordar cual es nuestro lugar en el mundo.

Todos partimos de unas coordenadas familiares que nos ayudan a marca un itinerario de vida. Rumbo que nos guiará por senderos en los que conoceremos gente, aprenderemos cosas y desearemos otras. Muchas veces la nostalgia azotará nuestro recuerdo de tal manera que querremos volver al punto de partida, con las mismas condiciones que antes, con la misma gente de antes y con las mismas ilusiones que antes, pero ya no se puede, es imposible. El pasado, pasado está.

¿Cómo nos ubicamos ahora?, ¿Cuáles son los referentes que nos ayudan a ubicarnos?, ¿Cómo podemos movernos en el mundo para ocupar el lugar que nos pertenece?. Da la sensación de que nos gusta vivir varias vidas, no sólo la nuestra. Es un juego divertido que nos ayuda a posicionarnos en espacios y con personas que no entraban en nuestros esquemas iniciales. No está mal. El problema es si creemos que esa es, realmente, nuestra vida. No es fácil saber cuál es nuestro sendero. Quizá tenemos que volver a volcar la mirada a nuestros orígenes para poder hacer un reseteado y corregir el rumbo, o quizá no exista un rumbo determinado y lo vayamos construyendo con los que aprendemos día a día, no lo sé, pero lo que sí tengo claro es que hay personas que están desubicadas. Hay personas que ‘han perdido el norte’.

Un factor importante para poder corregir los errores que cometemos en la vida es la humildad. Ese bálsamo mágico y caro, muy caro, es uno de los pocos que nos ayuda a rebajar nuestra condición astral y pretenciosa. La humildad no se consigue por esfuerzo, sino por escuchas, reprimendas y aprendizajes vitales.

Dicen que la vida pone a cada uno en su sitio. Será porque la vida no está sometida a deseos de bienestar, sino a patrones de justicia. El caso es que la potencia vital es mucho más grande que nuestro capricho voluntarioso y las infinitas variables que juegan el mismo partido que nosotros -sin saberlo- nos ayudan a volver a ubicarnos.

Una vez, un hombre me dijo que en la vida todo tiene un código. Las cosas, las personas, los sueños, los fracasos, el esfuerzo, etc…todo. La gente busca averiguar ese código y conseguir su tesoro pero no todo el mundo lo consigue. Puede que lo busques, puede que lo encuentres o puede que lo tengas delante y que nunca se sepas descifrar. Nuestra forma de ubicarnos también depende de cómo descifremos el código de nuestro cuaderno de bitácora, de nuestra hoja de ruta. Es posible que sólo podamos descifrar aquello que está dentro de nuestro marco referencial.

¿Cuál es tu lugar en el mundo?, ¿Dónde te ubicas y con quién?, ¿Qué códigos eres capaz de descifrar?. ¿Estás cómodo en el mundo el que te mueves?,….

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