La ambición

Sirvan estas palabras para valorar nuestro impulso personal, nuestro arranque del alma.

¿Es buena la ambición?, ¿Hasta qué punto es favorable?, ¿Dónde está el límite entre lo permitido y lo peligroso?, ¿Es bueno rodearse de gente ambiciosa?, ¿Tiene la ambición un solo camino?, ¿Todo el mundo es ambicioso?, ¿Ambición significa crecer?

El desarrollo humano necesita del crecimiento personal y muchos son los caminos permitidos para ello. La persona en su búsqueda individual trata de superar las fronteras personales, trata de sostenerse con el impulso de una fuerza interior que le hace crecer, esta es la ambición. Las diferentes caras de la ambición hacen que tenga un perfil poliédrico. Muchas veces reconocemos la representación de este viento tan potente por los rostros que lo acompañan. Nos dejamos llevar por sus modos o maneras y no vemos a trasluz lo que nos quiere mostrar. La ambición es el adalid de una batalla personal contra los límites, contra los miedos, contra los fracasos. La ambición es la áurea más codiciada de la superación propia.

Se necesita ser ambicioso para querer a alguien, para sentir a alguien, para comprender a alguien. Se necesita saber lo que es la ambición para ponerse en la piel del otro y entender lo que siente, lo que vive, lo que sufre. Para conocer la realidad hay que saltar, hay que arriesgar, hay que vivir sin el paracaídas de una monotonía aburrida. La ambición es el aliento de aquellos que desean vivir, aprender, enamorarse, soñar, disfrutar, sufrir, descubrir, aguantar, reir, palpitar, superar.

La ambición tiene muchas caras. Hay gente que, siendo embaucada por el caudal ambicioso, necesita atarse al mástil de la realidad como Ulises frente al canto hipnotizador de las Sirenas. La realidad, que es muy caprichosa, pone el sentido común necesario para rebajar las pretensiones fantásticas que la cabeza del ambicioso ilusiona. Como la maga Circe con Ulises, la realidad aconseja una dosis de ambición pero a pesar del canto embaucador se requiere mantener los pies en el suelo.

No es malo ser mejor de lo que eres ahora, es más, creo que es necesario. Es necesario sentir en tu piel la posibilidad de seguir haciendo cosas, de seguir aprendiendo, de poder desenvolverte en situaciones que antes ni te las imaginabas. Es necesario ser capaz de afrontar miedos que vienen generados por el desconocimiento. Es necesario romper los cristales de la jaula doradas de una vida inerte en la que el oxígeno cotidiano es capaz de adormecerte. Es necesario salir por la puerta de la libertad y encontrarse con los mundos desconocidos que multiplican las capacidades de uno, los recursos de uno, las ilusiones de uno. Es necesario ser ambicioso para poder abarcar empresas que requieren salir del espectro personal. Es necesario ambicionar la búsqueda del Otro a través de la mirada de lo pequeño. Es necesario querer dar un paso más en el segundo siguiente a la lectura de estas palabras. La relación con los otros es el mejor calibre para nuestra ambición.

La ambición pide sentido común, pero el sentido común pide ambición.

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Una respuesta a “La ambición

  1. Batante, bastante bien.

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